sábado, 8 de agosto de 2015

OJALÁ.

Ojalá las cosas fueran distintas. Ojalá hubiésemos nacido en la época de los años veinte, luciendo vestidos con miles de capas para salir a bailar, y ellos tan trajeados, pareciendo que todos los días son la fiesta de alguna persona elegante y prestigiosa. Ojalá no hubiesen existido redes sociales, porque la misma palabra lo dice "redes", redes que te enganchan, que no te dejan disfrutar de la vida, que te atrapan y que a veces, queriendo o sin querer te hacen daño. Ojalá nos hubiésemos enamorado de otra persona que no nos hubiera hecho daño, quizás de aquella que siempre teníamos cerca y nunca supimos apreciar. Ojalá tener coche solo fuera de ricos, y no existiesen los anuncios que te advierten de que no puedes cambiar una canción mientras conduces o buscar el móvil en el bolso para contestar a un mensaje. Ojalá las cosas fueran diferentes y hubiésemos existido en otro momento, en otro lugar, en otra época donde todo fuese diferente. Ojalá, y lo más importante de todo, fuésemos felices todos los días, sin importar el resto del mundo.

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