jueves, 13 de agosto de 2015

Esta mañana he ido al médico, cual señora mayor que ve que ya ha vivido toda una vida. Me he sentado en la silla, pensando que de aquella sala debía ser yo quien bajase la media de edad de aquellas veinte o treinta personas. He sacado el móvil para mirar alguna otra cosa que me quitase el aburrimiento que conlleva la espera. Era lógico, nadie más estaba con su móvil. Cuando de repente he oído como una señora que estaba detrás mío le decía a otra "el otro día se lo dije a la médica, ojalá hubiese una pastilla para quedarnos dormidos para siempre y dejar paso a las nuevas generaciones". 
Sin querer he pensado en todo lo que habría vivido aquella mujer que piensa que ya es suficiente. Seguro que tuvo varios hijos, cuatro o cinco a lo poco, y que ahora está feliz de ver a sus nietos, pero que ya está cansada. Pastilla tras pastilla, yendo al centro de salud como quien va al centro comercial. 
Siempre he pensado que es duro ver como los abuelos se marchan de nuestras vidas, sí, es ley de vida, pero duele ver marchar a una persona que te ha curado las heridas, que te ha llevado al colegio o te ha hecho la comida, que le ha enseñado a sus amigos ancianos la foto de la comunión de todos sus nietos y que se ha emocionado cuando le han dicho que son las mejores personas que hay en el mundo. 
Ya ves lo caprichosa que es la vida, yo teniendo miedo a la muerte y gente pensando que ya es hora de descansar en paz. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario