viernes, 19 de abril de 2013

"La última lágrima" se prometió.


Ha perdido el brillo en sus ojos, ya no es aquella loca enamorada de la vida. Se sienta en el suelo con una camisa ancha, la música como única compañera, quiere salir corriendo y no puede. Lleva ya varias noches quedándose dormida con lágrimas en la cara. Repasa todas las huellas que ha dejado por el camino, los que están, los que se fueron, los que ya no son los que eran, como cambia la vida en un pequeño segundo. Vuelve a la idea de gritar, de sacar la maleta del armario, meter una par de sudaderas, las deportivas y salir de allí, lejos, donde nadie la encuentre. Pero sabe que se muere  porque haya alguien al salir a la calle que la diga que se quede. Y no, no hay nadie.
Ser fuerte es la única opción válida, pero ni siquiera se tiene en pie, rasguños en las manos, le estalla la cabeza, fin del juego, el espejo de siempre, el maquillaje destrozado, la cara roja. El ruido del grifo, lavarse la cara, ningún rastro de una noche más unida a las ganas de volar lejos y empezar de cero, sin fallos, sin zorras, sin hijos de puta.
Cierra los ojos y sueña, sueña que está lejos, que todo va bien, que la banda sonora de su vida no tiene ni una nota triste y se duerme, "la última lágrima" se promete y sabe que es tan mentira que sonríe y para la música. Mañana será otro día.

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