martes, 4 de diciembre de 2012

Los imposibles no existen si se quiere algo de verdad.


Sé que estar así no sirve de nada, que las cosas tarde o temprano acaban pasando, para bien o para mal, pero pasan, yo debo ser un caso particular, me quedo estancada en el mismo charco una y otra vez. Todos los momentos que me quedo en silencio pienso en cada palabra dicha aquella tarde, voy recapitulando las cosas que hemos vivido, todo lo que nos hemos dicho y sigo sin entender nada. Una hora, dos horas, tres horas, no puedo concentrarme, la mesa llena de apuntes, de libros, hojas en sucio, borradores, los bolis tirados, el lápiz sin punta, no dejo de pensar en ti. Es de idiotas, cuando sabes que todo se ha terminado, pensar más de la cuenta en todos los pasos que podría haber borrado, en todas las cosas que podrían haber pasado, en todo lo que se ha esfumado con el aire y nunca llegará a pasar. A pequeños ratos necesito oír de ti, de lo que haces, de lo que dices, de donde andas, a donde vas, de donde vienes, me haces falta a pesar de no haberte tenido nunca, pero quiero echarte de mi cabeza, no quiero que sigas viviendo aquí dentro y no dejan de pasar como fotos en diapositivas esos pequeños momentos, tu risa de niño pequeño, joder, sal, fuera, adiós, he perdido la batalla, está bien, lo reconozco, no luché ni la mitad de lo que debía, me salí antes de esta guerra y he sido el perdedor, retrocedamos ochenta y siete días atrás y dejemos las cosas claras, sabemos como va a ser el futuro, ya es un punto a favor. Me dejaré de chorradas, porque ni puedo volver tiempo atrás, ni puedo hacer que vaya más rápido, volveré a meterme entre apuntes, a gastar la tinta de los bolis, a intentar no pensar en ti ni una vez más. ¿Que lo vaya a conseguir? Nadie a subido a la luna por una escalera ni atrapado a una estrella en mitad de la noche, como el Sol nunca le dará un beso a la luna, pero los imposibles, dicen, que no existen si se quiere algo de verdad.

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