jueves, 15 de noviembre de 2012

Te haría entender que te quedaban demasiadas cosas por vivir.

Muchas veces me han dicho que si las personas se van de aquí es porque ya habían hecho todo lo que la vida les proponía, pero tú te marchaste demasiado pronto, nos quedaban muchas cosas que decir, tenía muchas cosas que contarte y los días pasan y te recuerdo a cada mínimo detalle que te hacia especial, que te hacia ser tú, que definía tus pros y tus contras, tus virtudes, tus defectos. No, no me acostumbro a estar sin ti, todavía tengo esa esperanza de pasear por esas calles y encontrarte así, de imprevisto, que me preguntes qué tal me va la vida, si por fin me he comprado amigos, si supe controlarme y no gritar cuando alguien me asustaba, cuando tú me asustabas, si donde esté me sigo pasando la vida en el baño y me resisto a salir a la calle los días de invierno. Soy una ilusa, porque pienso que cuando vaya algún día a verles a ellos tú vas a estar allí, con tus camisas, con tus polos, ese olor a tabaco que te definía perfectamente, tu voz grave, tus carraspeos de garganta. Y sigo teniendo la esperanza de que me vas a agarrar del brazo y yo saltaré porque me has pillado ese punto estratégico en el brazo que me hacia cosquillas y me daba calambres. Nadie me ha vuelto a agarrar, nadie ha conseguido que mi brazo temblase como lo hacías tú, nadie me ha pegado sustos como los que tú me pegabas, ni me han arrastrado cuando no quería ir a algún sitio. No he olvidado tu risa, ni todas las cosas que decías, no he olvidado tus gafas ya algo viejas, todas tus manías, las cosas que hacías para explicar en clase, los días de dudas antes de los exámenes. No he olvidado ninguna de tus camisas, ninguno de tus polos, ni ese abrigo, ni tus pantalones vaqueros, ni tus zapatos. Créeme, no lo he hecho. Yo solo quiero que vuelvas una vez más, que me escuches como lo hacías cada vez que te contaba mis cosas, porque aunque nos picásemos, siempre me has escuchado cuando lo he necesitado, en todos aquellos ratos de quince minutos que te daba la chapa junto con ella, siempre sabías sacar lo bueno de todo, de cualquier problema, de cualquier situación. Quiero abrazarte la última vez y es que si hubiese sabido que aquella vez sería la última que te vería, la última, te aseguro que te habría hecho entender letra por letra que te quería como a mi padre, que como tú no había otro, que te aseguro que has dejado a demasiada gente aquí que te echa de menos, que quiere volver a verte. Te haría entender que te quedaban demasiadas cosas por vivir y no era la hora de marcharte, no tan pronto.
Pero sé que donde quiera que estés vas a sacar miles de sonrisas, con tu forma de ser, con tus chistes, con tus frases, con tu risa, que vas a estar bien, que dejarás claro que nunca hace frío y que siempre se puede ir en mangas de camisa, que eres de aquella ciudad y lo serás siempre. Y recuerda, que nunca, nunca nadie podrá superarte, porque no hay otra persona que se parezca a ti, ni la habrá, que te voy a recordar siempre con una sonrisa, que te quiero y que como yo, muchos te echamos demasiado de menos.

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