domingo, 11 de noviembre de 2012

No voy a recordarte.

Para mí es hombre muerto, no lloro por él y no he tirado sus peluches a la basura, siguen encima de mi cama. Que cada vez que pase por su casa miraré su ventana como siempre, no le miraré a los ojos cuando le tenga a un par de metros de distancia y le odiaré por los malos ratos que me ha hecho pasar, le odiaré con toda mi alma por ser como es y no haber cambiado, pero no voy a recordar todo lo que he vivido con él, porque para mí todo eso murió hace ya un tiempo. Pero entonces pasa, que sin quererlo le ves y piensas "unos meses atrás iría corriendo donde él, le abrazaría y le besaría, hoy me limito a mantener la cabeza bien alta y la mirada firme, sin mirar ni un centímetro de su cara". Y es que si hubieses cambiado, ahora no estaríamos así, no seríamos desconocidos que se conocen perfectamente, no giraríamos la cara al vernos, no hubiésemos destrozado todos los planes que teníamos juntos, ni yo me habría quedado en ese banco llorando aquel día, ni tú te habrías marchado con un simple vale. Tu última palabra, la última palabra que me dedicaste fue un "vale". Si hubieses demostrado que me querías, todos los días, si te hubieses tragado el orgullo todas las veces que nos enfadamos, si todas las veces que me marché me hubieses agarrado, si te hubieses tragado tus putos celos, te aseguro que hoy seguiría a tu lado, pero no cambiaste ni una pizca, no luchaste con toda tu alma, hasta el final, en el punto en el que mis pies rozan el borde, el camino para marcharme y no volver, ahí fue cuando de verdad actuaste, cuando te tragas tu orgullo, cuando demuestras lo que sientes, lo que tendrías que haber demostrado todos los días que estuvimos juntos. Y créeme cuando te digo que quiero que seas feliz, pero no a mi lado, porque hoy tú estás mejor sin mí y yo estoy mejor sin ti.

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