martes, 13 de noviembre de 2012

Cada pisada que dejas tiene más peso que la anterior.

Ese momento en el que miras atrás en el tiempo y ves como han cambiado las cosas sin apenas darte cuenta, como has dejado de lado jugar por las tardes en el parque con los amigos a hacerte amiga del ordenador y luego no separarte del móvil. Como recuerdas el primer chico que te gustaba, tu primer amor de verdad, algún que otro príncipe azul que te salió rana. Pasar de querer dormir con tus padres a querer dormir a su lado, vaciar la habitación de juguetes, llenarla de posters, quitarlos y poner fotos de tus amigos, de esos buenos momentos, de todas aquellas tardes y desaparecen las muñecas y los coches, solo hay libros, ropa, zapatos y todas esas fotos pegadas en la pared. Dejas atrás las preocupaciones de a que jugar en los recreos y es aquí donde empiezas a pensar en demasiadas cosas serias, utilizar las noches para estudiar y comprender porqué el café es un buen aliado. Rayarte la cabeza miles de veces, por él, normalmente, entender la letra de todas esas canciones que quizás llevas escuchando desde que eras pequeño. La amistad, la amistad como punto fuerte, olvidar el "enfadarse, pedir perdón, un abrazo y otra vez amigos", no, aquí está visto que si fallas, te jodes y lo arreglas de bien, no un perdón, varios y es entonces cuando aparece la confianza y nuestro gran aliado y compañero, el orgullo. Te das cuenta que los días no se recuerdan por el número, sino por las cosas que has vivido y que los años no se basan en el colegio y las vacaciones de verano, es mucho más que eso. Cada pisada que dejas tiene más peso que la anterior y por mucho que te guste o no, cada gesto que hagas puede ser a tu favor o en tu contra. Que si te das cuenta, los segundos pasan, el sol sale y la luna vuelve a aparecer, nada va a cambiar, dicen que el destino está escrito, pero lo único cierto aquí es que llega el día en el que el corazón se para y llegado a ese punto, no se puede jugar más.

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